lunes, 24 de agosto de 2009


Muchas veces pienso en la soledad. Estamos tan solos los seres humanos. En la vida y en la muerte. Aprisionados en nuestras propias confusiones, temerosos de mostrar lo delgado de la piel, lo absorbente y delicado de la sangre.

Para defendernos de la derrota y la desesperación, nos reunimos a contar sueños. Pero la nostalgia nos enferma.

Frecuentemente enmudecemos y en la soledad, cada uno lucha contra el miedo y la tristeza a su propia manera. No tenemos fuerzas para enfrentar más fantasmas que los imprescindibles. Nos vamos quedando solos.

Pienso en las veces en que damos paso al dolor de la lucha y las flechas, al amor con rabia y deseos descomunales de que las cosas sean diferentes a lo que son, de armarnos de un valor desconocido y tomar el tiempo para hacerlo retroceder en su marcha inexpugnable .

Te miro a lo lejos y te observo por medio de otros, de quienes han visto tu mundo desde diferentes cristales, algunos mencionan detalles fascinantes y otros simplemente te describe, pero todos concuerdan en que tienes herida el alma, que llevas un torrente de lagrimas inexpresivas en el pecho, y que tu esencia está enterrada debajo de mucho dolor acumulado en un frasco de soledades vividas y sufridas en un silencio tenaz.

Ojala despertaras y lograras deshacerte de esas heridas supurante y te permitieras vivir nuevamente, amar nuevamente, reír con el corazón abierto nuevamente.

Es se mi deseo y oración, y seguirá siéndolo.

domingo, 16 de agosto de 2009

Honduras, Mi Honduras






Ha habido una lucha intensa en mi corazón, en parte es ese instinto humano a ponerse a salvo, a no compremeterse, a no permitirse participar en los peligros que los demás tienen al comprometerse con una causa que les parece justa.





Pero me doy cuenta ahora que todos tenemos formas diferentes de comprometerse con una causa, unos lo hace gritando consignas en las calles sangrantes de mí país, y otros lo hacemos utilizando nuestra pasión y desbordandola en canciones, poemas, escritos... estamos hombro a hombro con el campesino descalzo que camina kilometros para llegar a una protesta, y sentimos el mismo dolor por nuestra patria, largamente apaleada por la pobreza, la ignorancia y la avaricia.





Escribo, por que quiero identificarme planamente con mi pueblo que sufre, por que yo soy parte integral de esta Honduras amada, y por que no quiero que se desborden los sentimientos y emociones que me llenan, de una manera que haga mal a la causa que nos cobija.





No pretendo ser mejor que ninguno de los sudorosos compatriotas que luchan día día con un sueño debajo de la piel agrietada por el intenso sol, pues ese sueño, ese mismo sueño lo llevo dentro de mí como un volcan que me anima y casi me obliga a decir lo que veo, escribir por este medio, igual que lo he hecho en el pasado por el amor, la tristeza, la alegría.




Esa es la razón por que no apoyo a ese gobierno que vino a instaurarse por la fuerza, a golpes y represión, que llama ignorante al mundo entero, que les dice ciegos a millones de personas, que los agarran en los peores actos y pretenden cual marido infiel pillado infraganti, que creamos en sus palabras y no confiemos en lo que nuestros ojos contemplan y han contemplado por años de miseria e injusticia.

Debemos recordar que la paz sin justicia no es paz, la paz por temor y represión no es paz, es solo un espejismo que se rompe frente a las duras rocas de la realidad que nos oprime, sobre todo al que no tiene nada, mas que eso, su miseria.


Jamás la fuerza, la violencia y la represión han sido ni serán el camino que liberará a nuestro pueblo, de los males que por siglos hemos venido cargando con un cansancio que ya duele, que el mundo se entere y que lo juzgue.